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Mucho se está hablando de la Enfermería de Práctica Avanzada (EPA) en nuestro país. Durante los últimos años se han prodigado foros profesionales, científicos y académicos hablando de este perfil enfermero: ¿En qué consiste?, ¿cómo surge?, ¿cómo se puede implementar?

Escribir para este blog del Colegio me ha hecho recordar que hace, aproximadamente, 10 años comencé un periplo de visitas a hospitales y otros centros sanitarios en Estados Unidos, pioneros en la implementación de la figura de práctica avanzada en el mundo.

La oportunidad de “vivir” de primera mano la enfermería de práctica avanzada en centros de reconocido prestigio, como el Massachusetts General Hospital en Boston, o el Children´s Hospital en Philadelphia, me hizo regresar llena de ilusión para diseñar e implementar, junto con mis colegas, un Máster en Práctica Avanzada en la Universidad de Navarra.

No fue tarea fácil. Teniendo todo el apoyo institucional de la Universidad, a la que siempre estaremos agradecidas, nos teníamos que hacer entender para apostar en la preparación de futuros profesionales, para una figura que no existía, que no se conocía, que no era demandada en nuestro país. Todo ello, sin dejar de ser competitivos en el incipiente mercado de la educación de postgrado en Enfermería.

LIGADA A LA PRÁCTICA CLÍNICA DIRECTA

Poder observar directamente el desempeño de las EPA, siempre ligadas a la práctica clínica directa, en sus diferentes perfiles -clínico (Clinical Nurse Specialist), y comunitario (Nurse Practitioner)-, me llevó a plantearme algunas reflexiones:

“…este perfil profesional avanzado representa enfermeras verdaderamente expertas, muy preparadas, competentes,…y su atención tiene un impacto positivo sobre el cuidado de la persona, la familia y la comunidad…¡Están cambiando la práctica!”

Al volver a mi país, me encontraba con una realidad bien distinta. Por tradición, las enfermeras más motivadas, las que anhelaban un mayor reconocimiento de su profesión, tenían que alejarse del cuidado “a pie de cama” y dedicarse a la gestión o a la docencia universitaria en la Escuelas de Enfermería. La falta de una carrera profesional no incentivaba a mantener a las mejores enfermeras, a las más preparadas en la práctica clínica directa, a pesar de la creciente complejidad de los cuidados de Enfermería.

A esto se sumaba la cultura de “igualdad” entre las enfermeras clínicas, con una educación de 3 años en la Universidad española. Esta realidad pronto iba a ser desafiada, con los tan anhelados cambios en la educación universitaria en Enfermería: Nivel de Grado (mínimo 4 años), nivel de Máster (mínimo 5 años) y Doctorado (mínimo 8 años).

CAMBIO DE PARADIGMA

Como reza en una conocida canción “cómo han pasado los años, cómo cambiaron las cosas…” Así es. En la actualidad, la formación académica de las enfermeras se ha diferenciado y, por lo tanto, los niveles de competencia, en la práctica clínica, no son los mismos para todas las enfermeras. Este desarrollo académico permite definir diferentes niveles de roles, competencias, responsabilidades y posiciones distintas en la enfermería clínica.

Esta diferencia no está exenta de dificultades, ya que supone un cambio de paradigma percibido, muchas veces, por otros colegas e incluso por la propia profesión de enfermería, como una amenaza, y no como una oportunidad.

Tener un espectro más amplio de la práctica, con roles más avanzados, supone crear una nueva dinámica en la colaboración interdisciplinar, especialmente entre los médicos. Pero aún más importante es el convivir y crecer con las enfermeras de grado, especialistas y gestoras a las que nos une el mismo fin: cuidar de la persona, la familia y la comunidad.

Además, para implementar nuevos roles es necesario iniciar y consolidar un diálogo constructivo entre todos los agentes implicados: profesionales sanitarios, de la educación, responsables políticos, colegios profesionales, marco legal, políticas sanitarias, etc.

ATENCIÓN ÓPTIMA Y SOSTENIBLE

Me gustaría concluir que nuestro principio rector debería de ser garantizar, en un sistema de salud cambiante que se enfrenta a numerosos retos, una atención de salud óptima, basada en la mejor evidencia, en una época de contención de costes y de velar por la sostenibilidad del sistema sanitario.

Aunque, en nuestro país ya somos capaces de vislumbrar cambios, todavía estamos lejos de lo deseable. Tenemos demasiados interrogantes para contestar y es imposible hacerlo en esta breve reseña, si me lo permitís, seguiremos profundizando.

 

Dra. Navidad Canga Armayor
Directora del Máster en Práctica Avanzada y Gestión en Enfermería.
Facultad de Enfermería. Universidad de Navarra.

 

Foto: Pixabay / travisdmchenry

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